No sabemos, realmente, si algo que nos ha sucedido es bueno o es malo. Por más que nos provoque sufrimiento en el presente, en el futuro podría convertirse en motivo de júbilo. Y, al contrario, lo que hoy celebramos, mañana podría rompernos la pierna.

Pero imaginemos, por un momento, que pudiéramos, por algún don extravagante, seguir los hilos del destino y adelantarnos a los acontecimientos. ¿Merecería la pena, entonces, procurar evitarnos el sufrimiento?