Solemos pensar que el que nada dice, nada tiene que decir. Y lo hacemos porque vivimos en la era de la inmediatez. En cuestión de segundos, todo el mundo debe opinar sobre todo lo que sucede. Quien prefiere guardar silencio es porque no tiene nada que aportar. Pero precisamente son las personas más introvertidas quienes pueden tener la opinión más valiosa.