Todo esto se resume en un argumento bien simple: la necesidad de pertenecer. El deseo de mantener vínculos estables es una motivación humana fundamental. Es parte de lo que nos hace humanos, de hecho.

Así que no hay libertad en la libertad absoluta. Aquel que reprocha a sus padres, habría muerto sin remedio si le hubieran dejado solo en el minuto uno. A diferencia de otras especies que nacen y sobreviven solas al poco tiempo, nosotros tardamos años en valernos por nosotros mismos.

La falta de lazos, de apegos, en la vida, se relaciona con efectos negativos en la salud y el bienestar tanto físico como mental. A veces tenemos sueños de independencia total, seguramente tras malas experiencias. Pero déjame decirte que en la intemperie social casi siempre se sufre.