Cuando sabemos que lo que estamos pasando no es una crisis puntual, porque ya no queda voluntad para arreglar las cosas, es hora de decir adiós. Pero como dice Elsa Punset, no es fácil despedirse. No es fácil cortar una relación.
A veces, y aunque no suene demasiado bien, lo mejor es dejar que la relación muera. Cuando hablamos de una amistad lejana, en la que el vínculo ya se estaba deteriorando, puede bastar con dejar de insistir. Pero cuando hablamos de relaciones que merecen un cierre y una explicación, es importante insistir en estos puntos que nos señala la psicología.
Pese a que la ruptura sea necesaria, incluso cuando sabemos que no hay vuelta atrás, debemos estar preparados para procesar el duelo. Porque sí, una ruptura siempre implica un duelo. A veces este se realiza dentro de la relación, a medida que nos damos cuenta de que la cosa no va a más, y otras cuando ya hemos cortado todo vínculo con esa persona. Y esto aplica igual en relaciones románticas que en relaciones de amistad.