Para muchas personas, la estabilidad es algo así como un punto en el que todo está resuelto. Hay un trabajo seguro, decisiones claras y una ausencia total de duda. El problema es que esto, en realidad, no existe. El único momento de la vida en el que acaban las dudas es, quizá, la muerte.
La vida está siempre cambiando, sin detenerse. Es una realidad poderosa que puede abrumarnos, pero que una vez aceptada puede impulsarnos. Porque solo entonces entenderemos que el equilibrio psicológico es dinámico, no estático.