Buscamos la perfección, nos sobrecargamos de planes y opciones, dudamos y volvemos a dudar. En la cultura actual, además, la complejidad se ha convertido casi en un signo de estatus: quien tiene una agenda más llena, más obligaciones o más complicaciones, parece más importante. Pero en realidad, esa acumulación es solo una fuente de estrés y desconexiónno una muestra de poder.