Todos hemos pronunciado estas palabras en algún momento de nuestra vida. Cuando lo estamos pasando mal, cuando un amigo atraviesa una gran crisis, cuando todo parece torcerse, recurrimos a ellas como un bálsamo. “Mientras haya vida, hay esperanza”. Pero ¿por qué?

Con estas palabras, Séneca quiso dejarle a Lucilio un claro mensaje: siempre tenemos margen de actuación. O, al menos, lo tenemos mientras estemos vivos.

Esto refleja otra gran enseñanza del estoicismo, quizá la más importante, y es que de nada sirve perder las horas pensando en aquello que no podemos controlar. Es mejor centrarnos en aquello que sí está bajo nuestro control. Y mientras estemos vivos, podemos controlar nuestras palabras, acciones y actitudes.